Sollozos perdidos en el tiempo, con lágrimas sin respuesta. Es la reacción de estar viviendo una ilusión.
Los recuerdos nunca se disipan completamente, tan solo se mantienen latente en algún lugar de la mente, esperando el momento oportuno de emerger de nuevo. Sin avisar y sin darse cuenta, van arremolinándose en el alma y consiguen que el corazón se vea en el centro de una espiral sin fin. Razón, inconsciente de su propia consciencia, va allanando el terreno para que el pasado se torne presente, presente, en futuro de incertidumbre.
Los años pasan inexorablemente, y todos los actos quedan grabados en la memoria, la propia y las colindantes que hayan sido tocadas por las reacciones de nuestro ser. Rencores ya difuminados vuelven a rasgar las fibras del corazón e impiden ver más allá del tiempo pasado. Heridas ya cicatrizadas vuelven a sangrar, sin motivo alguno. Con lágrimas en los ojos, buscando a ciegas un porque.
Surge, inalcanzable, como un haz de luz en el cielo gris, una ilusión. Y lo que al principio observas curioso, con una sonrisa en el rostro, se torna todo el centro de tu esperanza. Aun a pesar de todos los intentos de correr, de gritar, de suplicar, de pretender ignorar todo lo de alrededor con sueños y lágrimas; observas tembloroso que jamás se moverá un ápice.
Estancado en tu espiral es cuando te das cuenta de que estás viviendo una ilusión. Pero no encuentras razón de ser sin ella.
Noel F. Pérez

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